Erguida en lo mas alto del campanario la pequeña cigüeña de hermoso cuello blanco aguarda impaciente la llegada de su madre. Imponente el nido en el vértice del torreón, contempla la cría desde su atalaya el mundo del común de los mortales. Ahí abajo, la flotante letanía del párroco saliendo de la iglesia, el notario y la alcaldesa camino del cafetín, la indubitable altanería de la estanquera, el breve y discontinuo caminar del panadero. Cejijunto, casi al trote, a grito seco y limpio saluda a destajo Sandalio "el cabrero" raudo hacia "la Caixa". Mohamed evoca su Targuist de la infancia recelando poco antes del mediodía a la sombra del sauce, sentado sobre la piedra enorme de granito. Sábado y frenética actividad en la ferretería. Amarilla la vespa, serpentea las calles mas angostas el intrépido cartero. Por la cuesta va "del caño" bella e inmaculada Rosita la peluquera. La fuente de agua clara y su eterno gorgoteo. Dan las doce bajo el nido; la solemne campana generosa en armónicos que planean como las golondrinas por la serranía, ejerce con grandeza su oficio. Que hermosa la pequeña cigüeña, un día no muy lejano se echará a volar hasta siempre.
martes 30 de junio de 2009
El Pueblo
Erguida en lo mas alto del campanario la pequeña cigüeña de hermoso cuello blanco aguarda impaciente la llegada de su madre. Imponente el nido en el vértice del torreón, contempla la cría desde su atalaya el mundo del común de los mortales. Ahí abajo, la flotante letanía del párroco saliendo de la iglesia, el notario y la alcaldesa camino del cafetín, la indubitable altanería de la estanquera, el breve y discontinuo caminar del panadero. Cejijunto, casi al trote, a grito seco y limpio saluda a destajo Sandalio "el cabrero" raudo hacia "la Caixa". Mohamed evoca su Targuist de la infancia recelando poco antes del mediodía a la sombra del sauce, sentado sobre la piedra enorme de granito. Sábado y frenética actividad en la ferretería. Amarilla la vespa, serpentea las calles mas angostas el intrépido cartero. Por la cuesta va "del caño" bella e inmaculada Rosita la peluquera. La fuente de agua clara y su eterno gorgoteo. Dan las doce bajo el nido; la solemne campana generosa en armónicos que planean como las golondrinas por la serranía, ejerce con grandeza su oficio. Que hermosa la pequeña cigüeña, un día no muy lejano se echará a volar hasta siempre.
martes 19 de mayo de 2009
El Retiro
Adoro el bosque donde habita el Curubí. Puntiagudo y desesperado su canto es tan intenso, que al alba de espesa niebla, orienta a los Taumitas navegantes a arribar al puerto de Asidrón en busca de la preciada corteza del Jirigote, gruesa como el Taucarin; el árbol sagrado de los Choclotes, donde anida el Arvencejo de imponente porte y ojos grises e inflamados que en las noches de luna buena, acecha al incauto Torontillo. Todo el bosque se ilumina de misterio y los seres que lo habitan redoblan la guardia. El silencio impone su ritual sagrado, solo los mas osados reclaman al viento su desazón .
sábado 2 de mayo de 2009
Exantropía
Que breve la tarde, que noche me espera,cariño y ternura que falta me hiciera.
Tu hermoso cabello, tu encanto sirena
y no el cáliz que amargame el alma y la pena.
Océanos de dudas en sueños me asaltan,
ahogando la nana que arrulla mi cuna.
Será dime amor, que tus labios me faltan,
la verde pradera, el mar y la luna.
De niño soñaba con ser marinero,
de un barco de vela, pirata y bombero.
Jugaba a la guerra con sangre y a fuego,
temía si hacerme mayor para luego,
tener que decirte adiós, si te quiero.
jueves 30 de abril de 2009
La playa
Siempre nos quedará la playa y ese pulso inagotable de las olas en la orilla; donde todo se acaba, donde todo empieza. Fugaces destellos en las crestas y el solemne milagro del amanecer; ese azul verdoso y gris del océano afilado en el horizonte y el tacto infinitesimal de la arena templada. Tenebroso y fecundo el universo sumergido y la brisa sensual y caprichosa, la fragancia arrebatadora del mar. La belleza exuberante y el amor; una ecuación sin limite. Lástima que la vida sea un ejercicio tan breve y en el caos del tiempo seamos un cero infinito a la izquierda. Apenas hemos traspasado los cimientos de la prehistoria y cuanta sangre derramada y cuanta injusticia; por el amor de Dios. Cuantas lágrimas harán falta para dejar de llorar. Siempre nos quedará la playa y ese pulso inagotable de las olas en la orilla; donde todo se acaba, donde todo empieza.
martes 14 de abril de 2009
Cataratas
sábado 4 de abril de 2009
Mozzarella
La noche se apoderó de Corrientes en menos que un gato siamés al acecho lanza sus afiladas zarpillas al incauto roedor. Una brisa tibia y urbana cargada de residuos micro particulares, pregonaba incipiente el otoño bonaerense. La gente precipitadamente regresaba a casa tras el deber cumplido. El salón de las cuartetas plomizo, presente y ausente, impasible al desaliento y al futuro; contemplaba tras los gruesos cristales el devenir de los días esperando sin prisa ni pausa el fatídico cierre cotidiano. Mozo, una porción de Mozzarella y un agua con gas por favor. Como no señor. Luces de colores, bocinas, taxis, suspiros de nafta, miradas encontradas, camareros y bandejas, Bórges y el hacedor, vidas que se cruzan. El Gran Rex firme y vertical, el Opera apaisado y profundo, dos colosos enfrentados, un derroche de fachadas. Pensaba yo en este mundo que nos toca, hasta cuándo y el porqué, en mis padres y en los tuyos, en lo perdido y acerca del amor y del fracaso, en el desesperado anhelo mas allá de los cincuenta, cuando una hermosa y diminuta criatura de mirada ausente y de mesa en mesa, mostraba entre la jungla indiferente objetos inútiles reclamando sin esfuerzo una limosna, al pronto frente a mi la tuve un instante; con un lenguaje deslavazado me expuso su insondable mercancía. Dos pesos yo le di con un profundo dolor apagado. Ignorándome, con sus diminutas manos, ávida atrapó el andrajoso billete seccionando el párvulo discurso y me dio las gracias; a la ligera se dirigió a la puerta con su pasito infantil, antes de traspasar la puerta volvió su mirada hacia mí y me envió como la flecha certera de un ángel de otro mundo una sonrisa impagable de cincuenta mil trillones de pesos que me perforo el alma para siempre. lunes 30 de marzo de 2009
Quintín Cabrera
Quiso el destino, maldita sea la más mala y peor de las suertes posibles que mientras la vida entregaba tus últimos suspiros este doce de Marzo en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, estuviéramos Ismael Serrano, Fredi Marugán y yo entre otros traficantes de sueños arribando a la ciudad que te vio nacer en otros tiempos no tan lejanos, hace ya unos cuantos años. Que faena Quintín, querido Quintín, querido Cabrera; que lejos queda Montevideo, demasiado tarde y sin remedio. Nos temíamos lo peor, pero lo ocultábamos. Nos lo advirtió Luis Mendo, cariñoso y prudente; parece mentira no volverte a ver, saber que ya no estaras y que llegamos tarde, que no estuvimos ahí un poco antes de que te abandonara la luz para habernos ido contigo penetrando por la sombra hasta donde la vida nos dejara. No nos veíamos ni para la virgen compañero, cualquiera de ellas Quintín, pero te confieso que por dentro te quería y te apreciaba mucho como no podía ser de otra forma y con la lealtad que se debe a un hermano y por eso y gracias compartí contigo y luego con Lole hermosos momentos de la vida más breve y conocí a tus hijos. Espero no olvidarte y recordaré con cariño aquellos encuentros en Anchuras. Te asocio al verano Quintín, tu pipa a los postres con licores, la buena mesa, mantel y copa limpia, pero si acaso apenas nos llegaba, la buena voluntad que la militancia impone ya compartir. Mira que hay gente que ni vive ni nos deja, pues va el destino y te pone a ti que amabas la vida, la zarpa encima. No tengo derecho a olvidarte, así lo siento. Y no hay "medio y medio" que valga, ni panchos con mostaza en "La Pasiva", ni Candombé, ni Carnaval y el río de la Plata se ha empañado con tu ausencia. Quintín de la barba blanca, de mirada tierna y frágil. Buenazo, te venció la penumbra de estos tiempos de incertidumbre y quien sabe cómo llegar allá donde esté tu querida república. Gracias Quintín, hasta siempre compañero y padre. Adiós hermano, descansa en paz y si en tu mano está, porque estas en el cielo, ruega por nosotros.
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